Donnerstag, 12. Juli 2018

La comida española


Como habéis podido notar, el tema de la comida aparece recurrentemente en mis Blogs. No lo puedo negar: soy un panzón amante de la comida. La mayoría de ustedes, los que me han visto en la universidad, no lo podrán notar a primera vista, pero, en efecto, tengo ‘pancita’. Y es que ella no vino así nomás, sin esfuerzo. No señor. Para cultivar una buena panza, se necesita tiempo, dinero y muchas ganas de tragar. Sin embargo, existen dos tipos de tragones: los tragones artísticos y los tragones de barrio.
Creo que yo tengo un poco de los dos. Os voy a contar por qué. “Hace mucho tiempo, en un lugar con manchas, de cuyo nombre no me quiero acordar”, cuando yo era pequeño, recuerdo que mi madre gustaba siempre de probar cosas nuevas, en lo que a comida concierne: riñones de cerdo estofados, hueva de pescado, sushi con pescado y mariscos crudos, etc. Cabe decir que mi madre viene de una región mexicana que ha sido influida por la cocina internacional: el puerto de Veracruz. Dicho puerto ha sido, es y seguirá siendo el más importante de México. Los gringos quisieron entrar con su fuerza naval por allí alguna vez para intentar tomar nuestro país. Los franceses entraron por allí para conquistar a México y convertirlo en protectorado del Imperio Francés de Napoleón III. Cortés había entrado por allí con sus hombres. Los exiliados españoles que vinieron con la República española, la Guerra Civil y la Dictadura Franquista, entraron también por el puerto de Veracruz. Y ciertamente, los esclavos negros traídos de África durante los siglos XVI y XVII, entraron también por el puerto. Pues bien, con todo esto he querido recalcar la idea de que el bagaje cultural, que ha bañado al puerto de Veracruz durante más de 500 años, se tiene que reflejar de alguna manera. Y creo que el mejor reflejo se produce a través de la comida.
Mi madre, pues, venía de ese bagaje gastronómico cultural, y gracias a ella fue que pude probar ya en mi niñez delicias, que después repetiría constantemente. Recalco el papel aventurero de mi madre, porque yo era el único de sus hijos que la seguía en dichas locas aventuras gastronómicas. Mis hermanos, en cambio, eran más melindrosos. Impensable para ellos comer riñones estofados, por ejemplo.
Un día mi madre me dio a probar una rebanada muy delgada de algo que parecía carne, pero que sabía a cielo: jamón serrano. Desde entonces, oportunidad que teníamos, oportunidad que yo aprovechaba para pedirme un lonche de jamón serrano. Ese día fue la apertura, gracias al bendito jamón, a todo un bagaje gastronómico que yo no conocía: la comida española. Con los años fui adquiriendo experiencia y probando cada vez cosas nuevas: que si el chorizo artesano, que si la morcilla con mojo verde, que si los pinchos de chipirones (calamarcitos, chiquitos, bonitos y deliciositos), que si los turrones, que si las yemitas de Ávila, etc. 
Mi madre a veces me contaba de recetas que mi tatarabuela hacía que, según la leyenda, eran de origen español. Aceite de oliva, aceitunas, alcaparras, jamones curtidos y buenos quesos, empezaron a formar parte de mi dieta habitual. 
El culmen lo alcancé la vez que fuimos con unos amigos a "surfear" al norte de España. Una noche decidimos meternos al casco viejo de San Vicente de la Barquera, en Cantabria, y cenar unos buenos mariscos en un restaurante. ¡Madre mía! ¡Qué buenos mariscos! Si bien es cierto, que después tardé como hasta las 4 de la mañana para poder dormirme, no me arrepiento de haber comido, como comí aquel día. 
La comida española tiene esa fama en el mundo: ser buenísima, pero ser también algo pesada. Es necesario tener bien entrenada la voluntad para poder disfrutar de ella, y no subir unos kilitos de más. Sin embargo, creo que como bagaje cultural, nadie puede negar que la comida española se lleva un diez. 
Después de todo, para mí, una de mis prioridades a la hora de hacer turismo en España, es poder probar todos los platillos posibles, por donde vaya pasando. 

1 Kommentar:

  1. Hola Juan:
    ¡Me ha gustado mucho leer tu entrada sobre la forma en que tu madre te crió, diciéndote que hay que probar todo, y también sobre tu descubrimiento de la cocina española! ;D Tienes razón con lo que dices: ¡La comida está riquísima! Yo, sin embargo, no tenía la impresión que era pesada. Claro, siempre se come muchísimo de pan para mojarlo o en el aceite de oliva (esto a mí me encanta) o para cualquiera salsa que queda en el plato. En Alemania, de todas formas, es lo mismo. Incluso en los restaurantes los platos siempre están acompañados de pan. Por los mariscos, que comí en exceso cuando estuve en España, yo pensé que la comida no era tan pesada como aquí en Alemania. Pues claro, en el sur y en el norte también se come mucho pescado, pero no tanto como en España, diría yo. Además, tampoco tenemos una amplia variedad de marisco como la tienen en España.

    Un saludo,
    Svenja

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