Mittwoch, 18. Juli 2018

Reflexión final

Hemos llegado al final del curso.
Todos los temas que hemos tratado han sido muy interesantes. La razón es la siguiente: como mexicano que no ha estado más de dos semanas en España, por fin he podido conocer cosas sobre la cultura española, que me hacen desear más y más ir a España.
Siento que el curso es de mucha utilidad para mí, puesto que ahora ya tengo las herramientas para saber lo que me espera, cuando haga una estancia más larga en esa hermosa tierra. 
Por supuesto que todo sujeto no puede separarse de su bagaje cultural anterior, pero precisamente eso es lo que hizo más interesante el curso para mí. Todo el tiempo estaba haciendo comparaciones con la cultura mexicana. Incluso me di cuenta de que los parecidos entre la culturas española y mexicana es tremendamente grande. No en balde somos hijos de la Madre Patria.
También hubo cosas que me sorprendieron, puesto que era la primera vez que escuchaba de ellas. Como aquella vez en la que se nos dijo que a los españoles les gusta mucho observar a otros, e incluso, se visten bien y a la moda para que otros los puedan ver.
Lo primero que muchos se podrían preguntar es, qué hace un mexicano maternoparlante en un curso como éste. Ciertamente, ya poseo el dominio del español, pero no poseo, o poseía, el mismo dominio de la cultura española, que muchos de mis compañeros alemanes ya tenían por sus intercambios. 
Sin embargo, con los cuatro años que ya llevo viviendo en Alemania, he notado que estoy empezando a olvidar el español... muy lentamente. Pero algún día tenía que pasar. Por ello me he alegrado de poder participar en este curso, para poder mantener mi español vivo.
El trabajo en Blog es muy bueno. Didáctimente se le puede sacar mucho jugo. (Claro que es un poco difícil mantenerlo fresco, cuando tienes que atender 9 cursos al mismo tiempo. No. No es broma). Pero fue divertido poder transmitir sentimientos, emociones, opiniones e historias con todos aquellos que tuvieron a bien leer mis entradas.
El curso fue muy divertido para mí. 
Espero poder seguir visitando otros cursos en español en los siguientes semestres. 
Gracias maestra Sandra. 

Sonntag, 15. Juli 2018

Perdiendo el norte.

Pertenece ya a mis filmografías favoritas. 
"Emigrar y engañar a la familia viene a ser lo mismo". 
Cuánta razón tiene la observación del personaje interpretado por José Sacristan. Se puede observar sin tapujos en este filme de Nacho G. Velilla. La película me encantó desde el primer momento. sobre todo por el análisis entre líneas que hace de la situación de los migrantes españoles modernos a Alemania. 
Es una comedia basada en el fenómeno de los 'mileuristas': una generación de profesionales jóvenes altamente cualificados (con Máster por lo menos) que no pueden arrostrar la crisis financiera en España y se ven obligados a obtener empleos de poca monta, por decirlo así. 
Los personajes de la película deciden emigrar a Alemania para mejorar su situación, pero se encuentran con la descepción de que las oportunidades en Alemania son casi las mimas que en España. Sin embargo, la diferencia radica en que en Alemania por lo menos ganan más de lo que ganarían en los empleos homólogos en España.
No quiero 'spoilear' la película. 
A mi me llevó a reflexionar sobre las causas de una situación tal en España. 
No estoy tan 'certificado' como para dar mi opinión así nomás, porque no he estado mucho tiempo en España. Sin embargo, creo que mi capacidad de reflexión me orienta a decir que una de la principales causas de la crisis en España (y, por lo tanto, de tanta migración al extranjero) radica en la corrupción. Cuando el dinero de impuestos y demás bagatelas políticas no se dedica al pueblo, como en realidad debería ser desde el principio, pues resulta lo que resulta: que una parte pequeña de la población se enriquece (ilícitamente) más y más, y la otra gran parte se empobrece cada vez más y más, por culpa de la pequeña parte.
El indicador de dicha injusticia es precisamente la alta cualifición desperdiciada. En ninguna cabeza cabe que una persona que está muy bien preparada académicamente, no encuentre empleo por más que lo busque. 
El problema radica, como ya lo he dicho en la repartición no igualitaria de los bienes. Ya lo preveía John Rawls, politólogo norteamericano: cuando la igualdad de oportunidades en una sociedad democrática, no es procurada de facto, la sociedad empieza a descomponerse. 
Les recomiendo que miren la película. Sé que les va a encantar, y de paso pueden practicar el español. 
Dos pájaros de un tiro. 

El día que quise ser español.

Me acuerdo muy bien del día. Fue un mediodía de verano. El sol pegaba fuerte sobre las calles de mi natal Guadalajara, México. Me habían dicho que para encontrar el edificio tenía que tomar el bus urbano (en México le decimos camión) número 629-A, es decir, la ruta A que pasaba por el Centro Magno y luego giraba para salir a la Minerva. Sin embargo yo me tenía que bajar antes de la Minerva. 
Así lo hice. El tal edificio se veía más o menos moderno. De esos que están por fuera llenos de espejos. Tenía que subir al 5° piso: Consulado honorario de España en Guadalajara. 
Entré, y sólo entrar fue como entrar al cielo: había aire acondicionado (eso que en Alemania conocen como 'dispositivo de clima' = Klimaanlage). Tomé uno de esos papelitos en forma de cuña que tienen un número para indicar cual es tu turno. Curiosamente cuando lo tomé no pude evitar en la sección de embutidos de Aurrerá, una cadena de supermercados en la que también tomas esos papelitos para esperar tu turno y poder pedir el salchichón que vas a llevar en esa ocasión. Salchichón. "No estaría mal ahora una torta de salchichón" pensé. Y en el momento en el que iba a dar una mordida imaginaria a mi torta de salchichón imaginario sonó un pitido que me bajó en un abrir y cerrar de ojos a la realidad: era mi turno.
"Hm, hm". Intenté aclarar mi voz ante la señorita que me miraba con cara de 'qué va a querer, porque tengo prisa'. "Buen día. Disculpe señorita, quería saber como se desarrolla el trámite para solicitar la ciudadanía española según la Ley de Memoria Histórica". Y en ese momento se me fue de nuevo el santo al cielo. 'Ley de Memoria Histórica' resonó suavemente y con eco en mi mente, como en la escena de el 'Último Jedi', en la que Rea escucha su voz multiplicada frente a la pared de cristal, en el hueco que quedó por la lucha entre Kylo y Luk. 'Ley de Memoria Histórica'. A primera instancia, suena como una especie de mandamiento por medio del cual tendrías que saber de memoria todos los libros de historia de tus últimos siete cursos en el bachillerato. 'Ley de Memoria Historica': suena como la peor pesadilla escolar. "Tienes que acordarte de todas las batallas que han tenido lugar en suelo español en los últimos 500 años" me dice mi mente intentando hacer una interpretación libre de dicho título. "Y si no te las sabes, a la guillotina". Entonces me sonrío al pensar en mis estúpidas elucubraciones.
"Cuál es la risa?" me pregunta la señorita algo enfurruñada, regresándome así, de nuevo, al mundo real. "No. De nada importante", digo mientras le requiero que me repita lo último que me ha dicho, porque no lo había entendido muy bien (aunque en realidad no había puesto atención). 
-"Que no se puede". 
-"Por qué?"
-"Ya se lo he dicho: porque su tatarabuela vino a México con la Proclamación de la República y no con la Dictadura Franquista".
Me disculpo ante ella, le doy las gracias y me voy al lugar más cercano en el que pueda comprar una torta de salchichón. Ya con la barriga más relajada, pude comprobar que en efecto, la Ley de Memoria Histórica sí obliga a alguien a acordarse de algo. España está obligada a acordarse de sus hijos exiliados en ultramar por culpa de un dictador derechista. Como en toda guerra, hubo miles de españoles que decidieron primero abandonar su tierra, a quedar muertos en ella. 
Mi tatarabuela fue una de ellas junto con su familia, pero a causa de otra guerra. 
Mientras termino los últimos bocados de lo que en mis manos en realidad es una síntesis de mis pensamientos (una mezcla latinoamericana y española), me doy cuenta de que en realidad sí es bueno acordarse. Porque si nos acordamos, podemos mejorar el futuro, para no repetir el pasado. 
Lo sé, es una frase ya muy trillada, pero tiene verdad pura sin nada de grasa. 
A pesar de que mi resultado no fue satisfactorio, quedé muy satisfecho con el nuevo universo de conocimiento que se me había abierto gracias a una determinada 'ley número barra número'. 

Donnerstag, 12. Juli 2018

La comida española


Como habéis podido notar, el tema de la comida aparece recurrentemente en mis Blogs. No lo puedo negar: soy un panzón amante de la comida. La mayoría de ustedes, los que me han visto en la universidad, no lo podrán notar a primera vista, pero, en efecto, tengo ‘pancita’. Y es que ella no vino así nomás, sin esfuerzo. No señor. Para cultivar una buena panza, se necesita tiempo, dinero y muchas ganas de tragar. Sin embargo, existen dos tipos de tragones: los tragones artísticos y los tragones de barrio.
Creo que yo tengo un poco de los dos. Os voy a contar por qué. “Hace mucho tiempo, en un lugar con manchas, de cuyo nombre no me quiero acordar”, cuando yo era pequeño, recuerdo que mi madre gustaba siempre de probar cosas nuevas, en lo que a comida concierne: riñones de cerdo estofados, hueva de pescado, sushi con pescado y mariscos crudos, etc. Cabe decir que mi madre viene de una región mexicana que ha sido influida por la cocina internacional: el puerto de Veracruz. Dicho puerto ha sido, es y seguirá siendo el más importante de México. Los gringos quisieron entrar con su fuerza naval por allí alguna vez para intentar tomar nuestro país. Los franceses entraron por allí para conquistar a México y convertirlo en protectorado del Imperio Francés de Napoleón III. Cortés había entrado por allí con sus hombres. Los exiliados españoles que vinieron con la República española, la Guerra Civil y la Dictadura Franquista, entraron también por el puerto de Veracruz. Y ciertamente, los esclavos negros traídos de África durante los siglos XVI y XVII, entraron también por el puerto. Pues bien, con todo esto he querido recalcar la idea de que el bagaje cultural, que ha bañado al puerto de Veracruz durante más de 500 años, se tiene que reflejar de alguna manera. Y creo que el mejor reflejo se produce a través de la comida.
Mi madre, pues, venía de ese bagaje gastronómico cultural, y gracias a ella fue que pude probar ya en mi niñez delicias, que después repetiría constantemente. Recalco el papel aventurero de mi madre, porque yo era el único de sus hijos que la seguía en dichas locas aventuras gastronómicas. Mis hermanos, en cambio, eran más melindrosos. Impensable para ellos comer riñones estofados, por ejemplo.
Un día mi madre me dio a probar una rebanada muy delgada de algo que parecía carne, pero que sabía a cielo: jamón serrano. Desde entonces, oportunidad que teníamos, oportunidad que yo aprovechaba para pedirme un lonche de jamón serrano. Ese día fue la apertura, gracias al bendito jamón, a todo un bagaje gastronómico que yo no conocía: la comida española. Con los años fui adquiriendo experiencia y probando cada vez cosas nuevas: que si el chorizo artesano, que si la morcilla con mojo verde, que si los pinchos de chipirones (calamarcitos, chiquitos, bonitos y deliciositos), que si los turrones, que si las yemitas de Ávila, etc. 
Mi madre a veces me contaba de recetas que mi tatarabuela hacía que, según la leyenda, eran de origen español. Aceite de oliva, aceitunas, alcaparras, jamones curtidos y buenos quesos, empezaron a formar parte de mi dieta habitual. 
El culmen lo alcancé la vez que fuimos con unos amigos a "surfear" al norte de España. Una noche decidimos meternos al casco viejo de San Vicente de la Barquera, en Cantabria, y cenar unos buenos mariscos en un restaurante. ¡Madre mía! ¡Qué buenos mariscos! Si bien es cierto, que después tardé como hasta las 4 de la mañana para poder dormirme, no me arrepiento de haber comido, como comí aquel día. 
La comida española tiene esa fama en el mundo: ser buenísima, pero ser también algo pesada. Es necesario tener bien entrenada la voluntad para poder disfrutar de ella, y no subir unos kilitos de más. Sin embargo, creo que como bagaje cultural, nadie puede negar que la comida española se lleva un diez. 
Después de todo, para mí, una de mis prioridades a la hora de hacer turismo en España, es poder probar todos los platillos posibles, por donde vaya pasando. 

Reflexión final

Hemos llegado al final del curso. Todos los temas que hemos tratado han sido muy interesantes. La razón es la siguiente: como mexicano q...