Mittwoch, 27. Juni 2018

Ecología y día mundial de la Tierra


Desde hace 42 años nosotros, la humanidad, hemos incluido a nuestras festividades, un día que, a primera instancia parece no tener importancia: el Día Mundial de la Tierra. Sin embargo, este día ha demostrado ser tan importante como cualquier otro día festivo. Porque la Tierra en que vivimos se está acabando poco a poco, o más bien, nos la estamos acabando poco a poco. Por eso hoy en día es más que importante dedicarle un día para tomar conciencia de que, si no cambiamos como humanidad algunos de nuestros hábitos, probablemente en menos de 1000 años, tal y como lo predijo Stephen Hawking, nuestra Tierra se volverá un planeta inhabitable.
Desde la revolución industrial, uno de los problemas que afecta agudamente a nuestro planeta es la contaminación. Ya sea en forma de emisiones o en forma de desechos (la cantidad de plástico que producimos los seres humanos es ingente), la contaminación es la principal causa de que se pierdan recursos (como el agua y la tierra para la siembra) que ya no podemos reponer, pero que seguramente nuestros hijos y nietos necesitarán algún día.
Creo que la mejor forma de generar un cambio es empezar nosotros mismos a llevar una vida más consciente del medio ambiente: usar bicicleta, no usar innecesariamente el internet, comer menos carne, separar la basura y reciclar aquello que se pueda reciclar… Sólo así podemos de verdad, poco a poco, generar un cambio palpable a nuestro alrededor.
Por eso, festejar el Día Mundial de la Tierra, debería ser para cada uno, una oportunidad de empezar a aportar el granito de arena que se necesita para que podamos todavía coexistir con la naturaleza.

Donnerstag, 21. Juni 2018

El día que la chica con la que todos quieren te dice que sí a ti...

Perdón, pero lo que sucedió el domingo es algo que tengo que tematizar, porque de esa manera puedo yo mismo rumiarlo y asimilarlo.

Volvamos atrás en el tiempo, a tus años escolares en los que dejaste de ser niño, para convertirte en un adolescente narizón, peludo, lleno de barros, con extremidades gitantescas, y con una identidad todavía no definida. Tú mismo no te entiendías. Pero en tu corazón guardabas un secreto, que protegías con uñas y dientes: había una chica que te gustaba y con la que imaginabas interminables escenas románticas.
La susodicha en cuestión era la muchacha más guapa de toda la clase e incluso del colegio entero, y tú no eras el único que le habías puesto el ojo: traía locos a todos los chicos del colegio. Pero tu enamoramiento era muy puro y sincero. Tú habrías sido capaz de bajarle el sol, la luna y las estrellas.
Sin embargo, esa chica perfecta era inalcanzable para ti. No tenías ni la más remota oportunidad de poder siquiera algún día llamar su atención, mucho menos gustarle, puesto que eras un chico aburrido y lleno de complejos.
Detente un momento allí, en esa triste escena.

Ahora imagina que de pronto llega, te habla dulcemente un día, en pleno salón de clases, después de la pausa, y te pregunta si quieres salir con ella en la tarde a tomar un helado.
¡Te quedas simplemente tieso!
¿Cómo ha sido posible eso, si tú tenías una probabilidad de un 0.000000000% de llamarle la atención?

Pues bien, algo muy similar es lo que nos sucedió a todos los mexicanos a nivel mundial por allí de las 5:30 de la tarde del domingo pasado: "la niña bonita nos dijo que sí". Con el gol de Lozano ante Alemania, la primera reacción fue de incredulidad. Y todavía, estoicos, pensamos que había que esperar para ver el final del partido. El final del partido llegó y en efecto, habíamos ganado. Habíamos ganado, como si se hubiera decidido el destino de un pueblo entero. Simplemente no lo creíamos. No, no podía ser verdad que le habíamos ganado a Alemania.

Pasando el tiempo fue que nos dimos cuenta de que en efecto la realidad era la realidad y todo el mundo hablaba de ella: México por fin le había ganado a uno de los titanes del fútbol. Era como la aparición del cometa Haley: sólo lo vez por allá 'cada venida de obispo'.

Yo, personalmente, no la veía venir, y de pronto unas cuantas horas después del partido empecé a recibir mensajes de felicitaciones de mis amigas y amigos alemanes. Inconcebible. Me felicitaban por ver que dimos todo, y ellos muy poco.

A final de cuentas, es un simple partido. Lo sé. Sin embargo, sólo les quería compartir el sentimiento que me embargó toda la semana.

Me alegraría mucho leer sus comentarios. Hasta la próxima.

Mittwoch, 20. Juni 2018

La amabilidad en persona...

Una de las cosas que a veces llaman mucho la atención en España es la cultura de amabilidad que tiene. Y en general, la cultura de amabilidad de los países hispanoparlantes. El domingo, sin ir más lejos, ofrecí mi casa para ver el partido Alemania-México con amigos. Dejando de lado el resultado del partido, pude notar que, por primera vez, logré deshacerme de mi amabilidad mexicana y orientarme según los estándares alemanes: en vez de preguntar una, dos o tres veces a mis huéspedes si querían más chilaquiles o cerveza, me limité a preguntar una sola vez y los interpelados me decían si querían "aufschlag" o no.
Y es que no se puede deshacer uno de ello. Desde pequeñitos nos enseñan que hay que insistir porque puede ser que la persona, objeto del ofrecimiento, por pena, no se atreva a aceptar dicho ofrecimiento. Esto ha generado estructuras de comportamiento muy dignas de observación para culturas 'más frías'. Por ejemplo, la contraparte a un ofrecimiento que se hace más de una vez consiste en que el interpelado no se lance de buenas a primeras a tomar la oferta, sino que se niegue por lo menos una vez. A eso le llamamos tener educación en los países hispanoparlantes. "Una completa tontería" dirán otras culturas, "simplemente se dice si se toma la oferta o no y ya". Puede ser, pero así es esto de los usos y convenciones sociales. 
Lo bueno es saber que en España no nos tenemos que preocupar por si nos van a tratar mal: la mayoría de las veces la gente nos tratará con una amabilidad de guantes de seda (si sabemos comportarnos según sus constumbres, jaja). ¡Hombre! Si hago la comparación con Alemania en realidad es lo mismo: en Alemania (y no lo digo por decir) me han tratado de perlas también. 
Ahora bien, no sólo en los ofrecimientos a los huéspedes que están de visita se puede notar esa extrema amabilidad de la que hace uso el español cuando quiere agasajar a estos. Aunque no hay una ley escrita que diga que así debe ser, si un español te invita a comer a su casa, no es necesario que te tomes la molestia en llevar algo (bueno, una botella de vino sí que es bien recibida). Sábete que tu anfitrión te estará esperando con una mesa llena de alimentos suculentos, desde la sopa hasta el postre. De hecho si llevaras algo, como una ensalada o lo que sea, estarías poniendo en entredicho el poder adquisitivo de tu anfitrión, y se lo puede tomar mal, muy mal. 
Otro punto, la amabilidad con las mujeres. No es que seamos zalameros los hispanohablantes, sino que se nos enseña que a la mujer hay que respetarla siempre. Sí es cierto que, a veces, rayamos en la exageración, pero todo eso de abrir puertas, ceder el paso, dejar que la mujer camine del lado de los edificios y no de la calle en la acera, no son más que muestras de ese espíritu amable español que dice "tú vales mucho, por eso quiero protegerte". Esto suena muy cursi, y lo es. Mi punto no es defender la amabilidad española, sino mostrarla en su fenomenología y en sus raíces. 
Entender esta amabilidad puede costarle al extranjero entre uno y ochenta años. Tiene tantas manías la amabilidad ésta, que nunca se acaba de entender todo su lenguaje de gestos y signos. 
Lo importante es mantener los ojos bien abiertos para no 'pisar un pañuelo grasoso', como dicen los alemanes. Después de todo eso también pertenece al estudio de las culturas. Saludos.

Dienstag, 19. Juni 2018

Las dos Españas: Norte y Sur


Para el neófito que escucha por primera vez de España se le presentan imágenes estereotípicas que intenta predicar de todos los españoles. Creé que el español es un hombre peludo que siempre usa camisa blanca, chalequín, boina, le gustan los toros, y todo el tiempo está cantando flamenco (en efecto, estoy mencionando el estereotipo que reinaba entre nosotros mexicanos alrededor de los 80's y 90's). Y España es pensada como un territorio seco con trigales interminables y molinos de viento antiguos, casi casi identificandola con la Mancha. 


Sin embargo, quien ha tenido la suerte de poder estar ya en el país y recorrerlo, se da cuenta de que España es diversa, muy diversa. Tanto, que incluso, en regiones extremistas surgen movimientos separatistas. No me ocuparé de dichos movimientos en este post. Pero sí quisiera llamar la atención acerca del fenómeno de la diversidad norte-sur de España. Cuando oí hablar por primera vez de dicha diversidad, saltó a mi vista la tremenda concordancia con las cosas en México: el norte es ‘sobrio’ y trabajador, mientras que el sur es fiestero y ‘holgazán’. Cierto que una visión así es muy reducida y todavía estereotipada. No obstante, creo que pude percatar algo de ello cuando hice mi viaje a las ‘Vascongadas’ y Cantabria.
Ahora mismo viene a mi mente la escena de ‘Ocho apellidos vascos’, esa película tan graciosa, en la que el protagonista, que es originario del sur, va en busca de su amada que es del País Vasco, y al momento en el que el bus va entrando en la mencionada comunidad autónoma, el cambio de clima se vuelve drástico con tormentas, oscuro el paisaje, frío y aterrador. Pues bien, esa fue una de las primeras diferencias que pude notar entre el norte y el sur: en el norte hace más frío que en el sur, y el sur es más cálido.
Además de ello, la gente suele ser también un poco más fría y directa en el norte, en comparación con el sur. Recuerdo un episodio en un restaurant en San Vicente de la Barquera, pueblo cercano a Santander. Mis amigos y yo nos encontrábamos disfrutando de una deliciosa cena a base de mariscos y otras tantas delicias marítimas. La chica que nos atendía se veía amable. Sin embargo, llegó el momento en el que, después de haber ordenado un vaso de agua, ella llegó con él y derramó un poco de agua sin querer sobre uno de mis amigos. La reacción me hizo algo de gracia, esa gracia que es a la vez una mezcla de asombro: la chica no se disculpó, sino que cuando le hicimos notar que había derramado agua sobre la camisa de nuestro amigo, ella sólo se limitó a decir –‘Menos mal que sólo es agua’, acompañando la expresión con un gesto de desenfado. Yo no me lo podía creer.
Por supuesto que no quiero meter a todos los norteños en el mismo saco. Sin embargo, me llamó la atención (por esta y otras situaciones) que los norteños eran más despreocupados y no se liaban en decirte si algo no querían o algo no les parecía.
En cuanto a la otra diferencia, la de que en el norte se trabaja más que en el sur, no me siento aún tan seguro para poder confirmar dicho juicio. Creo que en eso si se ha generalizado mucho más de lo debido. Se dice que el sureño es holgazán. Y la prueba argumentativa que se utiliza para ello es la de los índices de economía de España. Pero vamos, que haya ciertas comunidades autónomas que ‘producen’ más que otras no es la prueba fehaciente de que el norte sea más trabajador que el sur. En la economía de una región influyen muchos factores. Bueno, no quiero argumentar aquí, sólo quiero declarar que ese tercer juicio no me convence tanto.
Respecto de la fiesta. Quizá sí sea cierto que los sureños son más ruidosos y dados al baile, y eso lo encuentro genial. Puede ser que mi mexicanidad se deja entrever en mi juicio. Tengo que admitir que desde niño he sido muy adicto al flamenco. ‘Cantaores’ y ‘bailaores’ hacen vibrar mi corazón. El norte también tiene sus tradiciones festivas, sin embargo, creo que no son tan pujantes como lo son en el sur. No pretendo ofender a nadie, sólo dar mis observaciones.
En suma, creo que esa forma de ser de las dos Españas dota de una cierta armonía a la nación entera. Es como un alma que tiene todos los elementos para desarrollarse plenamente: fiesta y mesura, descanso y trabajo, calidez y frialdad, aridez y feracidad, costa y montaña. Ni una, ni otra son buenas o malas. Cada característica es riqueza. ¡Qué viva España!

Reflexión final

Hemos llegado al final del curso. Todos los temas que hemos tratado han sido muy interesantes. La razón es la siguiente: como mexicano q...