Para el
neófito que escucha por primera vez de España se le presentan imágenes
estereotípicas que intenta predicar de todos los españoles. Creé que el español
es un hombre peludo que siempre usa camisa blanca, chalequín, boina, le gustan
los toros, y todo el tiempo está cantando flamenco (en efecto, estoy
mencionando el estereotipo que reinaba entre nosotros mexicanos alrededor de
los 80's y 90's). Y España es pensada como un territorio seco con trigales
interminables y molinos de viento antiguos, casi casi identificandola con la
Mancha.
Sin
embargo, quien ha tenido la suerte de poder estar ya en el país y recorrerlo,
se da cuenta de que España es diversa, muy diversa. Tanto, que incluso, en
regiones extremistas surgen movimientos separatistas. No me ocuparé de dichos
movimientos en este post. Pero sí quisiera llamar la atención acerca del
fenómeno de la diversidad norte-sur de España. Cuando oí hablar por primera vez
de dicha diversidad, saltó a mi vista la tremenda concordancia con las cosas en
México: el norte es ‘sobrio’ y trabajador, mientras que el sur es fiestero y
‘holgazán’. Cierto que una visión así es muy reducida y todavía estereotipada.
No obstante, creo que pude percatar algo de ello cuando hice mi viaje a las
‘Vascongadas’ y Cantabria.
Ahora
mismo viene a mi mente la escena de ‘Ocho apellidos vascos’, esa película tan
graciosa, en la que el protagonista, que es originario del sur, va en busca de
su amada que es del País Vasco, y al momento en el que el bus va entrando en la
mencionada comunidad autónoma, el cambio de clima se vuelve drástico con
tormentas, oscuro el paisaje, frío y aterrador. Pues bien, esa fue una de las
primeras diferencias que pude notar entre el norte y el sur: en el norte hace
más frío que en el sur, y el sur es más cálido.
Además
de ello, la gente suele ser también un poco más fría y directa en el norte, en
comparación con el sur. Recuerdo un episodio en un restaurant en San Vicente de
la Barquera, pueblo cercano a Santander. Mis amigos y yo nos encontrábamos
disfrutando de una deliciosa cena a base de mariscos y otras tantas delicias
marítimas. La chica que nos atendía se veía amable. Sin embargo, llegó el
momento en el que, después de haber ordenado un vaso de agua, ella llegó con él
y derramó un poco de agua sin querer sobre uno de mis amigos. La reacción me
hizo algo de gracia, esa gracia que es a la vez una mezcla de asombro: la chica
no se disculpó, sino que cuando le hicimos notar que había derramado agua sobre
la camisa de nuestro amigo, ella sólo se limitó a decir –‘Menos mal que sólo es
agua’, acompañando la expresión con un gesto de desenfado. Yo no me lo podía
creer.
Por
supuesto que no quiero meter a todos los norteños en el mismo saco. Sin
embargo, me llamó la atención (por esta y otras situaciones) que los norteños
eran más despreocupados y no se liaban en decirte si algo no querían o algo no
les parecía.
En
cuanto a la otra diferencia, la de que en el norte se trabaja más que en el
sur, no me siento aún tan seguro para poder confirmar dicho juicio. Creo que en
eso si se ha generalizado mucho más de lo debido. Se dice que el sureño es
holgazán. Y la prueba argumentativa que se utiliza para ello es la de los
índices de economía de España. Pero vamos, que haya ciertas comunidades
autónomas que ‘producen’ más que otras no es la prueba fehaciente de que el
norte sea más trabajador que el sur. En la economía de una región influyen
muchos factores. Bueno, no quiero argumentar aquí, sólo quiero declarar que ese
tercer juicio no me convence tanto.
Respecto
de la fiesta. Quizá sí sea cierto que los sureños son más ruidosos y dados al
baile, y eso lo encuentro genial. Puede ser que mi mexicanidad se deja entrever
en mi juicio. Tengo que admitir que desde niño he sido muy adicto al flamenco.
‘Cantaores’ y ‘bailaores’ hacen vibrar mi corazón. El norte también tiene sus
tradiciones festivas, sin embargo, creo que no son tan pujantes como lo son en
el sur. No pretendo ofender a nadie, sólo dar mis observaciones.
En
suma, creo que esa forma de ser de las dos Españas dota de una cierta armonía a
la nación entera. Es como un alma que tiene todos los elementos para
desarrollarse plenamente: fiesta y mesura, descanso y trabajo, calidez y
frialdad, aridez y feracidad, costa y montaña. Ni una, ni otra son buenas o
malas. Cada característica es riqueza. ¡Qué viva España!