Mittwoch, 20. Juni 2018

La amabilidad en persona...

Una de las cosas que a veces llaman mucho la atención en España es la cultura de amabilidad que tiene. Y en general, la cultura de amabilidad de los países hispanoparlantes. El domingo, sin ir más lejos, ofrecí mi casa para ver el partido Alemania-México con amigos. Dejando de lado el resultado del partido, pude notar que, por primera vez, logré deshacerme de mi amabilidad mexicana y orientarme según los estándares alemanes: en vez de preguntar una, dos o tres veces a mis huéspedes si querían más chilaquiles o cerveza, me limité a preguntar una sola vez y los interpelados me decían si querían "aufschlag" o no.
Y es que no se puede deshacer uno de ello. Desde pequeñitos nos enseñan que hay que insistir porque puede ser que la persona, objeto del ofrecimiento, por pena, no se atreva a aceptar dicho ofrecimiento. Esto ha generado estructuras de comportamiento muy dignas de observación para culturas 'más frías'. Por ejemplo, la contraparte a un ofrecimiento que se hace más de una vez consiste en que el interpelado no se lance de buenas a primeras a tomar la oferta, sino que se niegue por lo menos una vez. A eso le llamamos tener educación en los países hispanoparlantes. "Una completa tontería" dirán otras culturas, "simplemente se dice si se toma la oferta o no y ya". Puede ser, pero así es esto de los usos y convenciones sociales. 
Lo bueno es saber que en España no nos tenemos que preocupar por si nos van a tratar mal: la mayoría de las veces la gente nos tratará con una amabilidad de guantes de seda (si sabemos comportarnos según sus constumbres, jaja). ¡Hombre! Si hago la comparación con Alemania en realidad es lo mismo: en Alemania (y no lo digo por decir) me han tratado de perlas también. 
Ahora bien, no sólo en los ofrecimientos a los huéspedes que están de visita se puede notar esa extrema amabilidad de la que hace uso el español cuando quiere agasajar a estos. Aunque no hay una ley escrita que diga que así debe ser, si un español te invita a comer a su casa, no es necesario que te tomes la molestia en llevar algo (bueno, una botella de vino sí que es bien recibida). Sábete que tu anfitrión te estará esperando con una mesa llena de alimentos suculentos, desde la sopa hasta el postre. De hecho si llevaras algo, como una ensalada o lo que sea, estarías poniendo en entredicho el poder adquisitivo de tu anfitrión, y se lo puede tomar mal, muy mal. 
Otro punto, la amabilidad con las mujeres. No es que seamos zalameros los hispanohablantes, sino que se nos enseña que a la mujer hay que respetarla siempre. Sí es cierto que, a veces, rayamos en la exageración, pero todo eso de abrir puertas, ceder el paso, dejar que la mujer camine del lado de los edificios y no de la calle en la acera, no son más que muestras de ese espíritu amable español que dice "tú vales mucho, por eso quiero protegerte". Esto suena muy cursi, y lo es. Mi punto no es defender la amabilidad española, sino mostrarla en su fenomenología y en sus raíces. 
Entender esta amabilidad puede costarle al extranjero entre uno y ochenta años. Tiene tantas manías la amabilidad ésta, que nunca se acaba de entender todo su lenguaje de gestos y signos. 
Lo importante es mantener los ojos bien abiertos para no 'pisar un pañuelo grasoso', como dicen los alemanes. Después de todo eso también pertenece al estudio de las culturas. Saludos.

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